La unidad latinoamericana en el pensamiento político del siglo XX (V). ATLAS

En la quinta y última entrega de la serie, el autor intenta un aterrizaje empírico del ideario latinoamericanista. Para ello, recupera el caso de la Agrupación de Trabajadores Latinoamericanos Sindicalistas (ATLAS).
Por Carlos Javier Avondoglio *

 

 

El sindicalismo deberá convertirse en un movimiento con raíz, carácter y conciencia nacional y americanista, […] pues sobre su poderío descansa la ineludible responsabilidad de construir una América justa, libre y soberana.

José Espejo en la apertura del Congreso constitutivo de la ALTAS el 20 de noviembre de 1952.

 

 

Llevar la unidad sindical a Latinoamérica es comenzar la integración del continente.

Juan D. Perón dirigiéndose a los representantes de la Unión Internacional de Trabajadores de la Alimentación el 8 de abril de 1974.

 

 

En este artículo intentaremos sondear el vínculo entre los postulados del ideario popular-latinoamericano sobre la unidad regional —aquel que hemos desbrozado en los cuatro escritos anteriores— y la articulación programática de la experiencia de la Agrupación de Trabajadores Latinoamericanos Sindicalistas (ATLAS) durante la primera mitad de la década de 1950. Faltaríamos a la verdad si dijéramos que el de la ATLAS es un tema poco frecuentado; al menos en lo que hace a su génesis y su derrotero básico, lo fundamental está dicho.

Caído el telón de la segunda guerra, la humanidad comenzó a deslizarse en la era de la bipolaridad. A partir de ese momento, y durante casi cinco décadas, el planeta se desdobló en dos enormes bloques liderados por los Estados Unidos de América y por la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Efectivamente, la nueva contienda demarcó dos conjuntos antagónicos —el este socialista y el occidente capitalista— cuya rivalidad se extendió rápidamente a los campos de la economía, la guerra, la cultura y la política, y que, desde luego, asumió contornos propios en el ámbito sindical: la Federación Sindical Mundial (FSM) (1945), teledirigida desde Moscú, y la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL) (1949), patrocinada por Washington. Esta divisoria encontró su réplica casi exacta en nuestra región, donde la representación de las masas obreras era disputada por la Confederación de Trabajadores de América Latina (CTAL) (1938), alineada con la Unión Soviética, y la Organización Regional Interamericana de Trabajadores (ORIT) (1951)1, defensora del “sindicalismo libre”.

Pero mientras este ring se dibujaba y las dos superpotencias se acomodaban en sus esquinas, el peronismo comenzaba a abrirse paso en la Argentina. Entre 1943 y 1945, luego de una larga década de fraude e ignominia, el pueblo encontraba los medios propicios para darle una salida inesperada a la crisis del orden semicolonial.

 

Publicación "Perón habla a los trabajadores latinoamericanos, 1974", referido en el epígrafe de este artículo. Gentileza del Centro de Estudios para el Movimiento Obrero (CEMO).

 

“Las sombras de Yalta y Chapultepec se proyectaban sobre el Cono Sur cuando el gobierno constitucional peronista inició su gestión”2, escribía décadas más tarde Fermín Chávez. En efecto, con esta dicotomía planetaria de fondo y con Washington apretando las clavijas en su patio trasero3, el peronismo debió trazar las coordenadas basales de su política exterior, dando lugar a lo que conocemos como “Tercera Posición”: una política equidistante del par este-oeste sustentada en los principios de fraternidad y cooperación y en el reconocimiento de la igualdad jurídica de todos los estados soberanos; se trataba, en otros términos, de un modelo pacifista que proponía la “anulación de los extremismos capitalistas y totalitarios” tanto en el plano doméstico como en el internacional, y que tenía como antecedente más significativo la neutralidad sostenida por la Argentina durante las dos grandes conflagraciones mundiales. La actitud asumida por el gobierno peronista, si bien no estuvo exenta de marchas y contramarchas, produjo un incómodo cortocircuito en el paisaje binario de la Guerra Fría y se adelantó en casi una década a la emergencia del Movimiento de los Países No Alineados en la Conferencia de Bandung.

Nos alejaríamos demasiado de nuestro camino si intentásemos abarcar la sucesión de hechos políticos y actos administrativos que desembocaron en la creación de la ATLAS. Por otra parte, es harto conocido el papel que en esa construcción desempeñaron los agregados obreros enviados por la República Argentina a sus embajadas en el exterior. Fueron estos hombres, por expresa voluntad del gobierno argentino, los motores del agrupamiento sindical que irrumpió e hizo las veces de tercero en discordia en un escenario regional cruzado, como el resto del planeta, por la competencia soviético-estadounidense. Allí están, entre otros, los trabajos de Claudio Panella, Manuel Urriza, Daniel Parcero y Ernesto Semán para quienes deseen profundizar en el proceso de gestación de la central tercerista y en la importancia de la política de agregadurías obreras. Señalemos, únicamente, que la misión de los “diplomáticos del trabajo” consistió, según palabras del propio Perón, en ir “hacia esos pueblos a ofrecer nuestra amistad, a corregir el anacronismo de todos los tiempos, cuando las relaciones eran de Cancillería a Cancillería, de hombre a hombre o de gobierno a gobierno. Nosotros interpretamos la verdadera amistad de los pueblos cuando hay amor de pueblo a pueblo”4. Concretamente, su labor fue la de dar a conocer “la verdad argentina” fronteras afuera del país, es decir, el punto de vista oficial sobre las transformaciones que la revolución peronista estaba llevando a cabo en la Argentina, generando un clima favorable para la expansión de sus ideales hacia el resto del continente5. Esa tarea propagandística y de vinculación —que incluyó visitas de dirigentes sindicales a la Argentina para conocer de primera mano la obra de la revolución justicialista— fue la que forjó los lazos político-sindicales que terminaron coagulando en la creación de la ATLAS el 25 de noviembre de 1952.

 

Imagen N° 1: Periódico CGT 1949-11 de marzo 'Visita nuestro país una delegación de obreros ferroviarios ecuatorianos'. Imagen N° 2: Periódico CGT 1946-16 dic. 'Los Embajadores del Proletariado servirán para estrechar los vínculos de solidaridad y unión de todos los pueblos'. Gentizaleza del CEMO.

 

Hecha esta reconstrucción sumaria, regresemos a lo nuestro. El propósito de este artículo, como ya se mencionó, es dar cuenta de la afinidad existente entre la acción programática de ATLAS y los postulados de la matriz de pensamiento popular-latinoamericana. Admitamos que enlazar ambos fenómenos no exige mucha imaginación. A lo largo de nuestra serie, hemos identificado en Perón a uno de los hombres decisivos de dicha matriz de pensamiento, y ahora sabemos también de su papel crucial en la creación de la central tercerista. Sin embargo, a pesar de revelarse como un vínculo autoevidente —o quizás por ello—, el mismo ha recibido poca atención por parte de la literatura especializada, que por lo general se ha dedicado al estudio de la ATLAS desde el punto de vista historiográfico.

Si aceptamos que el mundo ha visto nacer y envejecer grandes filosofías y cuerpos doctrinarios sin que estos nunca fueran sometidos al examen de los hechos, debemos consentir que mirar de cerca aquellos casos en los que la teoría pega su salto al vacío, en que el concepto se vacía en la experiencia, es cualquier cosa menos un ejercicio superfluo. Aquí vamos, entonces.

 

El pensamiento popular-latinoamericano como brújula

Los documentos que anticipan a la ATLAS exponen una propuesta embrionaria desagregada en tres niveles complementarios: individuo, nación y continente. Pasaremos de largo de los dos primeros, cuyos fundamentos son, sustancialmente, los mismos que guiaron la experiencia peronista (con algo más de énfasis en los derechos políticos y sociales del “indio” y del “hombre de color”6), e iremos directo al nivel continental, que es el que aquí nos convoca. En relación con este último, las “Bases para la creación de una central obrera latinoamericana” señalan los siguientes propósitos:

 

Por la más estrecha solidaridad con todos los pueblos y especialmente con los más pequeños y necesitados.

Por el apoyo recíproco de los pueblos del Continente, dirigido contra toda política de agresión.

Por el derecho de autodeterminación de los pueblos a seguir su propio destino.

Por la cooperación recíproca destinada a lograr la independencia integral de todas las naciones del Continente.

Por la desaparición de toda injerencia o colonias extranjeras en el Continente.7

 

Afiche "Primera Conferencia Sindical de la Cuenca del Río de la Plata, 1952". En este encuentro realizado en Asunción cobraría forma el Comité de Unidad Sindical Latinoamericano (CUSLA), cuyo mandato sería organizar el Congreso constitutivo de la ATLAS. Gentileza del Centro de Estudios para el Movimiento Obrero (CEMO). 

 

De un modo u otro, aquí está impreso todo el espíritu de la visión popular-latinoamericana sobre el sentido de la unidad regional: la solidaridad, la reciprocidad y la cooperación como respuesta conjunta frente a una misma opresión (“agresión” o “injerencia”) que impide a los pueblos latinoamericanos “seguir su propio destino”. Las palabras de Ugarte, Haya de la Torre, Perón y de todos los que los precedieron y sucedieron, retumban en estas aspiraciones. Aquello de “nos preparamos para la obra de unir a los pueblos de América latina bajo la égida de los trabajadores. Nos preparamos a defenderla del conquistador y a defenderla del traidor” con que desafiaba el fundador del APRA, y también su sencilla pero poderosa noción de que “si el peligro es común, económico con proyecciones políticas, la defensa tiene que ser también común”, así como las diversas especulaciones teóricas del pensamiento popular-latinoamericano, encontrarían en la ATLAS un vehículo histórico.

A contrapelo del internacionalismo moscovita de la CTAL y del panamericanismo (o “monroísmo sindical”) de la ORIT8, la ATLAS que a su vez era juzgada por sus rivales como un ente patrocinador del fascismo y como una prueba de la voluntad expansionista de la Argentina9 defendía una tercera vía “libre de toda dominación extraña”, cuya singularidad estaba dada por la resistencia a colocarse bajo el ala de cualquiera de los dos imperialismos que cuadriculaban el planeta en sus respectivas zonas de influencia.

 

Afiche "Congreso Constitutivo de la Central Latinoamericana de Trabajadores en el marco del Comité de Unidad Sindical, 1952". Gentileza del Centro de Estudios para el Movimiento Obrero (CEMO).

 

En oportunidad del Congreso Constitutivo de la entidad realizado en la capital mexicana, el Comité Ejecutivo de la nueva central (que tuvo como primer secretario General a José Espejo de la CGT de Argentina) lanzaba un pronunciamiento donde, entre otras cosas, prometía “bregar sin descanso para que desaparezcan de América Latina toda forma de coloniaje; todo tipo de imperialismo, sea éste económico o ideológico; todo sistema de discriminación racial; toda forma de explotación del hombre por el hombre”. Mientras que en la “Declaración de principios” que le ponía broche a aquel encuentro fundacional, se afirmaba que

 

para lograr el enaltecimiento de las masas trabajadoras latinoamericanas, y la grandeza y liberación de los pueblos, es preciso la unidad sincera de todos los trabajadores identificados por el común propósito de afirmar, en cada país, los ideales democráticos de la justicia social, de la libertad económica y de la independencia política, sin afanes de predominio, de absorción ni de sometimiento de unos sobre otros, sino orientados por el ideal de ser todos artífices de la libertad, de la grandeza y de la dignidad de América, pero nadie instrumento de ninguna nación grande o pequeña; aunados por la reciprocidad de sentimientos y aspiraciones y por una amistad que se cimiente en la igualdad de los derechos y en la paridad de los deberes […].10

 

Las referencias a la “reciprocidad de sentimientos y aspiraciones” o a la “similitud de problemas económicos y sociales” que aparecen aquí, así como la afirmación de que “todos nuestros pueblos tienen que mostrar alguna afrenta del imperialismo” emitida en otra ocasión11, riman con la hipótesis ya expuesta que sostiene que el proyecto de unidad regional se asienta, primordialmente, en la sincronía de los procesos histórico-políticos que han atravesado las sociedades latinoamericanas a lo largo de los últimos cinco siglos.

 

Publicación "Declaración de Principios y Reglamento ATLAS, 1952". Gentileza del Centro de Estudios para el Movimiento Obrero (CEMO).

 

Finalmente, si se trata de recrear el clima de ideas que entornó el surgimiento de la ATLAS y el tipo de constelaciones políticas que lo posibilitaron, es apropiado volver sobre el testimonio del dirigente chileno Humberto Soto Arancibia, quien, en entrevista con Daniel Parcero, nos provee de un ligero pantallazo:

 

En mi país el 17 de setiembre de cada año se celebra el aniversario de la tipográfica chilena, decana del mutualismo en América Latina. En la celebración de 1951 se encontraba presente, invitado por nosotros, el Agregado Obrero argentino, compañero Yatar. A mí me correspondió pronunciar un discurso y en él expuse todo aquello que siempre constituyó lo central de mis principios. Quiero decir que hablé de la necesidad de la unidad permanente de América Latina a partir de las masas laboriosas; de aunar esfuerzos en ese sentido para defender nuestros derechos e intereses de clase; mencioné la importancia de la lucha librada por Simón Bolívar para crear la gran Nación Latinoamericana, etcétera.

Terminado el discurso se me acercó Yatar y me consultó si aceptaría una invitación de la Confederación del Trabajo argentina, para concurrir a una reunión a la que ya habían sido invitados más de diez países, con el objeto de consolidar la unidad de los trabajadores sindicalizados de América Latina por encima de los partidos políticos y como respuesta a los constantes atropellos del imperialismo. Sin más le contesté que sí.12

 

Desde luego que la vida de la ATLAS no terminó allí donde empezó, ni se redujo a uno o dos documentos altisonantes. Durante los tres años que siguieron a su creación, la central desplegó un fuerte activismo a través de sus Comités Nacionales y desarrolló una intensa labor de prensa mediante su Boletín informativo (apoyado este en toda una red de periódicos locales), trasladando a la acción los principios del ideario latinoamericanista.

 

Dirigentes latinoamericanos reunidos en México para participar de la creación de la ATLAS. Gentileza del Centro de Estudios para el Movimiento Obrero (CEMO).

 

El pensamiento popular-latinoamericano en acción

En el terreno político, la ATLAS condenó la opresión colonial sobre Puerto Rico, repudiando el encarcelamiento de Pedro Albizu Campos y la aplicación de la ley Taft-Hartley. Rechazó el pacto militar suscripto entre Uruguay y Estados Unidos y el envío de tropas colombianas y brasileñas a la guerra de Corea. Brindó un apoyo abierto a las reformas agrarias de Bolivia y Guatemala (y a los gobiernos que le dieron curso), del mismo modo que celebró la nacionalización del cobre en Chile y del estaño boliviano. A la vez, acompañó el pedido de revisión del contrato de arrendamiento del canal de Panamá y repudió los efectos perniciosos del monopolio bananero en Honduras. Objetó los regímenes de Manuel Odría, Fulgencio Batista, Anastasio Somoza y Rafael Leónidas Trujillo, al tiempo que denunció la conspiración contra Jacobo Árbenz y se solidarizó con el pueblo guatemalteco una vez ocurrido su derrocamiento. Respaldó las luchas anticoloniales en Guyana y Surinam, defendió los derechos argentinos y chilenos sobre el territorio antártico, y saludó los acuerdos suscriptos por Perón y Carlos Ibáñez del Campo en el entendimiento de que estos constituían la piedra de toque de la integración y la independencia económica del subcontinente.

 

Periódico CGT 1952-21 de noviembre. Gentileza del Centro de Estudios para el Movimiento Obrero (CEMO).

 

Aunque, como vemos, evitó constreñirse al "gremialismo puro” (al que tildó de "amarillo"), la ATLAS tampoco dejó de lado su naturaleza sindical. Pese al magro alcance representativo que obtuvo fuera de la Argentina (sobre todo si se la compara con la central pronorteamericana), la entidad tercerista acompañó innumerables reivindicaciones obreras y campesinas a lo largo y ancho del continente, promovió la organización sindical allí donde no existía (hacia 1950 la tasa de sindicalización en la región no superaba el 10%), y creó Comisiones Asesoras coordinadas por un Departamento de Asuntos Técnicos con el objeto de censar las principales problemáticas sociales y laborales de los trabajadores de cada país latinoamericano y reclamar soluciones a sus respectivos gobiernos. En orden a la integración, la entidad procuró instalar el debate sobre “la legislación protectora del trabajador migrante”, la reciprocidad de los regímenes previsionales y el intercambio turístico y cultural.

En resumen, la ATLAS efectuó una denuncia metódica de “los manejos y las intrigas del colonialismo imperialista” y de las oligarquías aliadas; trabajó por la unidad y la dignificación de las masas obreras y campesinas; y apuntaló, en la medida de sus posibilidades, a las revoluciones nacionales en curso. Miradas en conjunto, todas estas acciones dieron cuenta de un intento por proyectar al plano regional las virtudes del modelo sindical argentino y el equilibrio entre el capital y el trabajo alcanzado en el país sureño13, pero también un empeño por entreverar las luchas de los pueblos latinoamericanos contra sus adversarios comunes, vigorizando "por abajo" la empresa unificadora que algunos gobiernos, en especial el peronista, emprendían "desde arriba".

La experiencia de la ATLAS (y en esto resulta inseparable de la de los agregados obreros argentinos14) constituyó, en sí misma, una traducción práctica de los postulados que tratamos en nuestra entrega previa, en particular el referido al protagonismo de las organizaciones libres del pueblo en el desarrollo de una política de unidad regional15. Como recordará el lector, las nociones exhumadas en aquel texto nos inducían a desplazar el enfoque desde la esfera tradicional donde se urden los procesos de acercamiento regional los órganos y agencias estatales hacia otras zonas de la vida social y política menos exploradas por los estudios especializados, pero con una significativa capacidad para alojar y potenciar las iniciativas de integración. Tal el caso de los sindicatos, cuya importancia en el periplo unionista era fundamentada por Perón del siguiente modo:

 

[…] así como esa evolución nos lleva hacia organizaciones políticas continentales en beneficio de los pueblos, nosotros tenemos que ir hacia organizaciones gremiales continentales. Es decir que, si los políticos se unen, los gremialistas también deben unirse. Si algún día integramos el continente latinoamericano, la base de esa integración ha de ser la de los pueblos. No se construyen pirámides empezando por la cúspide, sino que es menester hacerlo comenzando por la base, y la base, para mí, son las organizaciones sindicales.16

 

Afiche "América, un continente unido en un mismo anhelo: Paz, Trabajo y Libertad". Gentileza del Centro de Estudios para el Movimiento Obrero (CEMO).

 

Tras el derrocamiento del gobierno peronista y la intervención de la CGT, los límites de la ATLAS quedaron de manifiesto. Es que los lazos orgánicos que la central regional tenía con el poderoso movimiento obrero argentino17 eran, a una vez, su fortaleza y su talón de Aquiles18. Sin embargo, la imaginación política que sigue despertando el estudio de esta iniciativa nos invita a preguntarnos por las posibilidades clausuradas, es decir, por las contribuciones que una herramienta de este tipo, sostenida en el tiempo, puede realizar al proyecto de unidad continental.

 

Conclusiones

El vínculo que nos propusimos indagar es el que, partiendo de nuestros supuestos, existía entre el pensamiento popular-latinoamericano y los lineamientos programáticos de la ATLAS. Como dijimos, la influencia de esta matriz de pensamiento en los documentos y en la acción de la central latinoamericana constituía, a priori, una posibilidad bastante considerable si tenemos en cuenta que uno de los mayores exponentes de dicha matriz es Juan D. Perón, el principal impulsor de la ATLAS19. De cualquier manera, consideramos necesario identificar en qué grado las proposiciones teóricas relativas al proyecto de unidad continental desarrolladas desde aquella perspectiva, habían sido apropiadas y llevadas a la práctica por la organización sindical regional.

 

Publicación "Perón habla a los delegados obreros del Comité de la Unidad Sindical Latinoamericana". Gentileza del Centro de Estudios para el Movimiento Obrero (CEMO).

 

Tratándose de una matriz de pensamiento que extiende sus raíces hasta los días de la independencia, decidimos hacer un recorte sobre aquellos pensadores que produjeron sus obras entre las décadas de 1920 y de 1990 (período que coincide con lo que Alberto Methol Ferré clasificó, con otras palabras, como el "tiempo político del ideario latinoamericanista"). El recorrido por las obras de estos pensadores nos permitió reconocer una serie de núcleos teóricos en torno del tema de la unidad latinoamericana. Cuando llegó el turno de ir al encuentro de los documentos y de la experiencia de la ATLAS —para constatar la presencia o la ausencia de dichos núcleos, cuidando de no forzar los términos ni de ver cosas donde no las hay, encontramos que dos proposiciones fundamentales cobraban vida en los papeles y en los actos de la central sindical: (1°) el reconocimiento de uno o más antagonistas extrarregionales que con su hostigamiento han contribuido a sincronizar el decurso histórico y mancomunar el futuro político de los países latinoamericanos; (2°) la importancia vital de los pueblos y de sus organizaciones en la edificación de la unidad política y económica regional.

Teniendo en cuenta lo dicho hasta aquí, es posible concluir que, tanto en su programa como en su trayectoria, la ATLAS plasmó parte del ideario popular-latinoamericano. El ensayo que representó esta organización grávido de potencia y autenticidad, pero a la postre efímero difícilmente pueda ser visto como una consumación del proyecto unionista. Pero puede considerárselo una tentativa que, dadas las características relevadas en este artículo, sigue informando las opciones del presente.

 

* Lic. y Prof. en Ciencia Política (UBA). Integrante del CEIL Manuel Ugarte (UNLa) y del Centro de Estudios para el Movimiento Obrero (CEMO).
Notas:

1. Esta organización fue creada el 13 de enero de 1948 en Lima bajo el nombre Conferencia Interamericana de Trabajadores (CIT). Fue precisamente en esa cumbre donde el mexicano Luis Morones protestó por la exclusión de la CGT argentina, retiró a su delegación e inmediatamente se trasladó a Buenos Aires para entrevistarse con las autoridades sindicales y gubernamentales locales, con las que coincidió en la necesidad de configurar una alternativa a las centrales regionales existentes.
2. Chávez, F. “Estudio preliminar” en: Perón, J. D. Tercera posición y unidad latinoamericana. Buenos Aires: Biblos, 1985. Selección e introducción a cargo de Fermín Chávez.
3. La geografía iba a hacer que la conducta argentina encontrara sus costos (y sus límites) más directos en el trato con la potencia hemisférica. Esta situación era reconocida, por caso, en las “Instrucciones generales para el Plan de Acción” dirigidas a los agregados obreros, que luego de refrendar la lucha contra el capitalismo y contra el comunismo, sostenían: “La lucha es primordialmente con el capitalismo y, en consecuencia, contra los Estados Unidos, porque los Estados Unidos ya nos han declarado la lucha; porque, siendo el capitalismo el enemigo de los pueblos obreros latinoamericanos y Estados Unidos su personero, nos conviene hacer, de esos dos enemigos, uno sólo […]” (recuperado de Otero, 2016). A partir de 1953 se produciría un giro que tornaría menos turbulentas las relaciones entre ambos países.
4. Panella, C., “Movimiento obrero y diplomacia en el primer peronismo: los Agregados Obreros” en revista Movimiento, febrero de 2019.
5. A esta tarea se añadía la elaboración de informes que reflejaran la situación de los trabajadores en los países donde tenían destino los agregados obreros.
6. Esto es lógico si se tiene en cuenta que los imaginarios sobre la composición étnica y racial que predominan en la Argentina son muy diferentes a los que se registran en el resto de la región.
7. Noticiero Obrero Argentino Nº 2, Buenos Aires, febrero de 1948.
8. En un futuro trabajo ampliaremos la caracterización de la ORIT y la CTAL, adentrándonos en el examen de sus estatutos, declaraciones y actividades, así como en el recorrido de sus dirigentes más renombrados: el estalinista mexicano Vicente Lombardo Toledano y el agente de inteligencia ítalo-estadounidense Serafino Romualdi.
9. “Algunos dicen que nosotros somos imperialistas… Después de la existencia de Rusia, de Inglaterra y de Estados Unidos, ¿vamos a salir nosotros, con 17 millones aquí en el círculo polar antártico, siendo imperialistas?” […] Nuestro interés no puede ser imperialista, es antiimperialista. Y ahí está casualmente donde les duele, pero nosotros les hemos de seguir pegando cuando les duela y donde les duela. No sé si en esta acción estaremos solos o acompañados. Preferimos mil veces estar bien acompañados por todos los compañeros de Latinoamérica […].”, discurso de Perón en Casa Rosada a los delegados obreros del Comité de Unidad Sindical Latinoamericano el 19 de febrero de 1952, recuperado de Loza, R. y Vitale, J. (2022; p. 58).
10. Boletín informativo de ATLAS, "Declaración de principios", Buenos Aires, 1952.
11. Boletín informativo de ATLAS, "Monopolio bananero en Honduras", Buenos Aires, 1953.
12. Parcero, D. “La CGT y el sindicalismo latinoamericano”, Buenos Aires: Ed. Fraterna, 1987; p. 38.
13. De allí la propagación de instrumentos e ideas como los “convenios colectivos de trabajo” y “la función social de la propiedad”.
14. La experiencia de los agregados obreros da cuenta de las dificultades que, en los hechos, supone articular las esferas del Estado y de la comunidad. La coexistencia entre los “diplomáticos del trabajo” —cuyo cometido desbordaba ampliamente los márgenes habituales de la diplomacia— y el acartonado personal de carrera de la Cancillería argentina fue sin dudas problemática. La premisa de “los agregados con los pueblos, el servicio exterior con los gobiernos” (Otero, D., 2016) generó una superposición de lógicas y estamentos que derivó en sucesivos roces entre los sindicalistas y sus compañeros de misión. Incluso, la actividad de los agregados obreros suscitó algunos altercados diplomáticos que obligaron a realizar ajustes sobre las Instrucciones que les fueran remitidas desde la División Organización Internacional del Trabajo (DOIT) perteneciente al Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto. La pregunta inevitable es: ¿cómo conciliar la participación de la comunidad en el gobierno y las lógicas inscriptas en el aparato del Estado sin transmutar la forma estatal misma? Algo de esto pasaba por la cabeza de Perón en pleno desarrollo de la política de agregados obreros: “Nosotros concebimos el agregado obrero como formando parte de las embajadas en el exterior de la República porque consideramos que nuestro movimiento político es el resultado de la transformación de nuestro país en su régimen jurídico e institucional. Pensamos que de la antigua democracia liberal a que nos tenían acostumbrados los políticos, nosotros pasamos a una democracia social. En consecuencia, se ha liberado al pueblo argentino de los preconceptos que establecía la democracia liberal, en la cual el acceso a la función o representación pública estaba sólo en manos de una clase, la clase dirigente y política” (discurso del 5 de febrero de 1949, recuperado de “La unidad sindical continental a través del pensamiento de Perón”, Loza, R. y Vitale, J. (comps.), Buenos Aires: FGB, 2022; p. 20). Y también: “Respecto del desempeño de los agregados obreros en el exterior, sólo puedo decir una cosa: que es el mejor servicio diplomático que tenemos en el mundo. No digo esto porque sea apasionado y tenga una especie de predilección por los hombres de trabajo; es que todos me lo dicen. El agregado obrero es quien está en todo y el que hace todo. Los cincuenta primeros muchachos que mandamos a todas partes del mundo constituyen para mí un verdadero orgullo; son hombres decentes, que representan bien al país, a través de su comportamiento y de su modestia. Algunas veces se les va un poquito la mano; eso también es bueno, y yo prefiero que más bien se les vaya un poquito la mano y no que se queden cortos. Es claro, algunos creen que ellos han ido para arreglar el país adonde fueron destinados. […] Para representar a la clase trabajadora es preciso salir de ella misma. Por eso nuestros agregados obreros son buenos; porque dicen la verdad y no van a engañar a nadie. Juzgan por sí lo que ven; el que monta la verdad no necesita espuela; va a cualquier parte y está siempre bien (Ídem; pp. 24 y 25).
15. “Perón había descubierto, además de la industrialización, que ésta había creado un enorme proletariado sin tradición sindical ni política; y también había advertido que esta nueva clase social constituía un enorme factor de poder. Su penetración en ligar al factor de poder de arriba con el factor de poder de abajo constituyó la clave de su fulminante y necesaria victoria” escribía Jorge A. Ramos en “Historia política del Ejército argentino” (Buenos Aires, Peña Lillo, 1959, pp. 68 y 69). Esa marca de origen se extrapoló a su gestión de gobierno, siendo los agregados obreros una de sus exteriorizaciones más acabadas.
16. Disertación de Perón en la CGT el 25 de octubre de 1973 (recuperado de: Perón, J.D. Los Estados Unidos de América del Sur. Buenos Aires: Corregidor, 1982).
17 De los tres millones de afiliados a la ATLAS, dos millones y medio pertenecían a la CGT Argentina.
18. Desde la óptica de Juan José Hernández Arregui, esta suerte de dependencia entra dentro de la lógica de las cosas, pues las masas laboriosas del continente, en su mayoría campesinas, precisan ser conducidas por el proletariado urbano; proletariado que, para ese entonces, tenía en la Argentina su expresión más avanzada ("¿Qué es el ser nacional?", Buenos Aires: Ed. Continente, 2017; p. 165). Desde otro registro, Perón hacía una apreciación similar: “La historia nueva es la historia de las grandes organizaciones continentales. El sindicalismo no puede quedarse atrás en esta evolución y debe ir tendiendo también a las organizaciones sindicales continentales. Es decir, nosotros debemos ir pensando que hemos alcanzado un alto grado de desarrollo en la organización sindical argentina. Por lo tanto, tenemos derecho a ir a otras partes buscando la misma unión y la solidaridad que nosotros hemos alcanzado para la defensa de la clase trabajadora continental. Ese debe ser nuestro objetivo futuro si no queremos quedarnos atrasados en esa evolución” (Exposición de Perón en la CGT el 25 de octubre de 1973).
19. Según el relato de Raymundo Garone, tercer secretario general de la ATLAS, la idea de una central regional tercerista fue desarrollada originalmente por José Espejo y su grupo más cercano, conformado por José Alonso, David Diskin y Antonio Valerga —este último se hallaba al frente del Departamento de Relaciones Internacionales de la CGT, órgano fundamental en la articulación de la política de agregadurías obreras (Parcero, 1987).


Bibliografía:

- Descartes (seudónimo de Juan D. Perón). Política y estrategia. El sindicalismo en la política internacional (No Ataco, Critico). Buenos Aires: sin datos, 1951.
- Galasso, Norberto. Perón. Formación, ascenso y caída (1893-1955). Buenos Aires: Colihue, 2015.
- Godoy, Juan. “Un ATLAS de los trabajadores latinoamericanos. La construcción de la Agrupación de Trabajadores Latinoamericanos Sindicalistas”, en La Baldrich, junio de 2017. Disponible en: https://www.labaldrich.com.ar/un-atlas-de-los-trabajadores-latinoamericanos-la-construccion-de-la-agrupacion-de-trabajadores-latinoamericanos-sindicalistas-por-juan-godoy/
- Lanús, Juan Archibaldo. De Chapultepec al Beagle. Política Exterior Argentina: 1945-1980. Buenos Aires: Emecé, 1984.
- Loza, Rodrigo y Vitale, Javier (comps.). La unidad sindical continental a través del pensamiento de Perón. Buenos Aires: FGB, 2022.
- Otero, Delia del Pilar. “Los agregados obreros peronistas. ¿Inclusión de trabajadores en la diplomacia o estrategia para difundir un ideario?”. Épocas. Revista de Historia. ISSN 1851-443X. FHGT-USAL, Buenos Aires. Núm. 14, segundo semestre 2016, [pp. 69-86].
- Panella, Claudio. Perón y ATLAS. Historia de una central latinoamericana de trabajadores inspirada en los ideales del Justicialismo. Buenos Aires: Vinciguerra, 1996.
- “Movimiento obrero y diplomacia en el primer peronismo: los Agregados Obreros”, en Revista Movimiento, febrero de 2019. Disponible en: https://revistamovimiento.com/historia/movimiento-obrero-y-diplomacia-en-el-primer-peronismo-los-agregados-obreros/
- Parcero, Daniel. La CGT y el sindicalismo latinoamericano. Historia crítica de sus relaciones. Desde el ATLAS a la CIOSL. Buenos Aires: Fraterna, 1987.
- Perón, Juan Domingo. Los Estados Unidos de América del Sur. Buenos Aires: Corregidor, 1982.
- Tercera posición y unidad latinoamericana. Buenos Aires: Biblos, 1985. Selección e introducción a cargo de Fermín Chávez.
- Urriza, Manuel. CGT y ATLAS. Historia de una experiencia sindical latinoamericana. Buenos Aires: Legasa, 1988.