El programa de Agregados Obreros. Política exterior, sindicalismo y tercera posición

La autora realiza una aproximación a la política exterior del primer peronismo a través de la figura de los Agregados Obreros, poniendo de relieve su importancia en la construcción de alianzas, estrategias y perspectivas geopolíticas de la etapa.
Por Daniela D´Ambra *

 

La política exterior de los años de los dos primeros gobiernos peronistas (1946/55) tiene antecedentes de análisis desde numerosas investigaciones. El enfoque privilegiado ha sido aquel más común para la perspectiva de las relaciones internacionales (la política diplomática institucional) o el de los trabajos que desde el Pensamiento Nacional presentan un estudio del encuadre geopolítico de la Tercera Posición, la búsqueda de concreción del acuerdo del ABC y la figura de Perón en esa construcción teórico-política y estatal.

En este artículo nos proponemos correr la mirada hacia el campo de acción del movimiento obrero y las organizaciones sindicales. Desde esta perspectiva poco visitada, realizaremos una aproximación a lo que fue la política exterior del peronismo y el protagonismo de trabajadores y trabajadoras en la misma a través del programa de Agregados Obreros y la experiencia de la Agrupación de Trabajadores Latinoamericanos Sindicalistas (ATLAS).

 

Agregados obreros y Tercera Posición

El programa de Agregados Obreros fue puesto en marcha apenas unas semanas después de que Juan Perón llegó a la presidencia a través del Decreto 7976 (23/06/1946). Perón justificaba este proyecto planteando:

 

El agregado obrero va hacia esos pueblos a ofrecer nuestra amistad, a corregir el anacronismo de todos los tiempos, cuando las relaciones eran de cancillería a cancillería, de hombre a hombre, o de gobierno a gobierno. Nosotros interpretamos la verdadera amistad de los pueblos cuando hay amor de pueblo a pueblo. (Discurso pronunciado en la entrega de diplomas a los egresados del curso, 18/02/1949, citado en Panella, 1996)

 

Instrucciones para el Plan de Acción. Fuente: Colección "Agregados Obreros" del Archivo Histórico de Cancillería.

 

Si bien existían iniciativas previas sobre la asignación de Agregados Laborales en el Servicio Exterior de otros países, fue México el primero en promover la figura del Agregado Obrero bajo el gobierno de Plutarco Elías Calles. El proyecto concluyó con su mandato en 1928 y designó solo a seis agregados: el único asignado en América Latina fue destinado a Argentina. La incidencia de Luis Morones, que durante el gobierno de Calles había sido ministro, fue significativa. Morones estaba al frente de la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM), una de las centrales de los y las trabajadores de México (Orsatti, 2018). Más adelante veremos la importancia de estos vínculos previos al período que nos ocupa y de la relevancia de la articulación entre centrales y proyectos de gobierno para pensar la intervención internacional del sindicalismo latinoamericano.

El programa inaugurado en el gobierno peronista tenía como protagonistas a militantes gremiales de base que eran elegidos por sus sindicatos para capacitarse primero y, en algunos casos, sumarse a la representación diplomática argentina en todos los continentes del globo, pero con una presencia particular en América Latina.

 

Elaboración propia a partir de los datos de Semán, 2017.

 

Elaboración propia a partir de los datos de la Colección "Agregados Obreros" del Archivo Histórico de Cancillería1.

 

Los agregados, que en un principio tendrían cursos de formación de algunos meses, los cuales se irían ampliando y consolidando con el tiempo (hasta llegar a ser cursos de dos años), se capacitaban para ingresar a un terreno completamente hostil como era el servicio exterior argentino. La cuestión de clase se hacía evidente no solo por el trato que los diplomáticos de carrera le dispensaban a los representantes obreros, sino también por la diferenciación en las tareas que les correspondían y el vínculo con Perón. Entre las primeras se incluía establecer contactos con referentes gremiales y políticos y profundizar los vínculos de sus organizaciones con Argentina (incluyendo la invitación a visitar el país y entrevistarse con Perón), realizar campañas de propaganda sobre la realidad argentina, la calidad de vida de los/as trabajadores/as argentinos/as y la Fundación Evita (lo cual también iba de la mano de propuestas de ayuda concreta de la fundación para lo que los/as trabajadores/as de otros países pudieran necesitar) y, por último, recorrer sus países de destino para conocer las condiciones de trabajo y realizar informes al respecto.

 

Agregados obreros asistiendo a los cursos de formación en 1946. Fuente: Semán, 2017, p. 93.

 

Recibían indicaciones de forma mucho más directa que los diplomáticos de carrera, lo cual generaba recelo y a la vez expresaba la importancia que se le asignaba a los agregados obreros dentro de la política exterior del peronismo (política que un cuerpo profundamente aristocrático seguramente no estaría dispuesto a promover). A partir de los informes y testimonios de algunos de los agregados que han dejado registros más accesibles, podemos acercar una reflexión importante que entendemos clave para nuestro trabajo: la experiencia de los agregados obreros fue parte de la construcción que el peronismo tuvo de sí mismo en términos identitarios y del fortalecimiento de la legitimidad de la Tercera Posición como alternativa geopolítica (Semán, 2017).

 

Nota sobre Eva Perón en el Diario “Ta nea”, Grecia, 07/12/1952. Fuente: Colección "Agregados Obreros" del Archivo Histórico de Cancillería.

 

En efecto, los agregados que transitaron sus experiencias en Estados Unidos y en la URSS (en particular Agustín Merlo y Pedro Conde Magdaleno) fueron los que tuvieron experiencias más conflictivas, tanto en su vinculación con los gobiernos de cada una de las superpotencias como con las organizaciones gremiales. Fueron constantemente obstaculizados en la realización de su labor y, en ambos casos, se les buscó coartar la posibilidad de entablar vínculos con organizaciones obreras o trabajadores y espacios de trabajo. El caso soviético es paradigmático por las pobres condiciones de vida que Conde Magdaleno y su mujer, Alicia Massini, pudieron registrar a partir de los vínculos informales que establecieron aun cuando no contaran con el visto bueno gubernamental (Semán, 2017; Neville, 2014; Godoy, 2004).

Los agregados articularon a su vez con algunas de las organizaciones y referentes políticos que mayor relevancia tendrían en la historia latinoamericana: el MNR en Bolivia, Jorge Eliecer Gaitán y Fidel Castro en Colombia, Ernesto Guevara en Guatemala. Y avanzaron en su tarea aun cuando en algunos momentos entraron en cortocircuito con Perón. Estas contradicciones no tuvieron un carácter unidireccional, sino que expresaron las necesidades de reconfiguración de una política exterior ante los avances norteamericanos cada vez más agresivos sobre las intervenciones argentinas en América Latina.

 

Asilados en la embajada argentina en Guatemala, luego del golpe de Estado de 1954. Fuente: Semán, 2017, p. 212.

 

Uno de los canales de expresión de la política exterior norteamericana se materializó en las acciones de Serafino Romualdi, a la vez referente del sindicalismo norteamericano y funcionario del Departamento de Estados de los EEUU. En su cruzada por defender el sindicalismo “libre”, se dedicó a operar por toda América Latina para combatir al comunismo, pero mucho más aún al peronismo, al que veía como una amenaza más tangible y concreta para el avance norteamericano en el continente. Uno de los puntos de inflexión fue la exclusión de la delegación argentina en la Conferencia de Lima en 1948, que llevó a Perón a tratar de enfriar el conflicto con las instrucciones enviadas a los Agregados Obreros del 25 de noviembre de ese año en la que se establecían una serie de prohibiciones a la intervención en la política interna de los países a los que eran asignados (Basualdo, 2013 y 2014). Sin embargo, en 1949 el presupuesto del programa se aumentó considerablemente, así como la asignación de agregados a diferentes destinos (Semán, 2017).

 

Fuente: Colección "Agregados Obreros" del Archivo Histórico de Cancillería.

 

En el mismo sentido, en 1949 se transformó el estatus de los agregados al integrarlos oficialmente al servicio diplomático (Decreto 6420), institucionalizando su rol de manera significativa. Los conflictos siguieron siendo importantes por las alianzas que el gobierno argentino debió tejer con sus pares de la región que expresaban un viraje conservador a expensas de sus propias bases sociales: en ese contexto los Agregados continuaron con su política de articulaciones previas aun cuando implicaran acercamientos a opositores de esos mismos gobiernos.

Esta situación ha sido leída como un giro conservador del gobierno de Juan Perón (Semán, 2017). Sin embargo, si prestamos atención a la directiva n°19 emitida por la DOIT en 1951 (Plan de acción para el Movimiento Justicialista Internacional) podemos ver la recuperación de los objetivos iniciales del proyecto. Lo que podría considerarse como una política contradictoria o un acercamiento a Estados Unidos por parte del gobierno argentino, desde nuestra perspectiva entendemos que debe presentarse como parte de la dinámica propia entre conducción política y gubernamental y sindicalismo: el verticalismo y pragmatismo habitualmente presentado no se verifica en la realidad concreta de las acciones de los agregados obreros y en su diálogo constante con el ejecutivo argentino.

 

El lugar de las mujeres

Un aspecto central a tener en cuenta es que al respecto de esta temática se repite la ya tradicional invisibilización sobre el rol de las mujeres en este proyecto. Si bien sabemos por numerosas investigaciones que la participación de las mujeres en las luchas de la clase obrera y en las organizaciones sindicales ha sido fundamental desde sus inicios, no existen trabajos que estudien la política internacional del peronismo incorporando una perspectiva de género. No pretendemos aquí agotar ese abordaje, ya que no contamos con el recorrido necesario para poder plantear conclusiones en profundidad. Pero sí nos interesa destacar algunas aristas que abren interrogantes significativos sobre la cuestión.

En primer lugar, notamos una subrepresentación en la participación de mujeres sindicalistas dentro del Programa de Agregados Obreros. Si bien durante la etapa peronista hubo una fuerte intervención en torno al reconocimiento de derechos políticos y al lugar que se les dio a las mujeres en la arena pública2, se mantuvo una disparidad en torno a la presencia en la representación gremial (y a la importancia que se le asignó al tema).

 

Primera cohorte de Agregados Obreros. La única mujer que aparece en la fotografía era la secretaria administrativa del programa. Fuente: Semán, 2017, p. 7.

 

El programa de Agregados Obreros tuvo 50 mujeres egresadas y solo cuatro fueron asignadas a destino: María López, Isidra Fernandez, Lilia A. Cavanna y Juana M. Díaz Vélez (Panella, 2019). Pero la presencia de las mujeres en los destinos asignados fue, como vemos en el caso de Massini, más numerosa que la que las Agregadas específicamente representan. En efecto, los registros de Massini sobre la realidad soviética durante el período en que su marido estuvo asignado a la URSS, son sumamente interesantes para apreciar aspectos que se han considerados como constitutivos de la construcción de la mirada geopolítica e identitaria del peronismo y del rol de los Agregados Obreros en esta conformación. Por un lado, la valoración de los niveles de vida de la clase trabajadora argentina a través de la comparación del consumo alimenticio y las condiciones de trabajo en las llamadas superpotencias, ponderando la necesidad histórica de una Tercera Posición en un mundo en disputa. Por otro, la cuestión de clase que da contenido disruptivo a la experiencia del peronismo y a la disputa simbólica con las clases dominantes de Argentina. Una frase de Massini puede representar de forma sintética ambas cuestiones: “Deberíamos mostrarles lo que esta gente [los soviéticos] llaman pan a los ‘delicados’ de Buenos Aires” (citado en Semán, 2007, p. 123).

 

Propaganda del gobierno peronista: “Las tres posiciones ideológicas”. Fuente: Revista “Polémica”, CEAL, 1971.

 

De la experiencia soviética se suele recuperar el relato de Conde Magdaleno sobre los republicanos españoles perseguidos, a quienes ayudó a escapar de la URSS y que le costó su propia expulsión del país. Sin embargo, es difícil imaginar una operación de tal envergadura sin suponer la participación de Massini, quien se presentaba como profundamente involucrada con los avatares políticos. Si esta simple reflexión pudiera ampliarse hacia el resto de las mujeres que estuvieron presentes en los distintos destinos de los Agregados (aun cuando ellas mismas solo se trasladaran por ser parte de la familia), posiblemente tendríamos un panorama mucho más rico del lugar que jugaron en la construcción de lazos políticos y de miradas analíticas que tuvieron profunda incidencia en las impresiones generales que presentamos en este artículo.

 

Un proyecto latinoamericano

Como señalamos previamente, el camino construido por la política exterior de los años peronistas tuvo diversos ámbitos de acción. Uno de los más recordados es el proyecto del ABC, una búsqueda de acuerdo entre Estados (Argentina, Brasil y Chile), que apuntaba a generar un nucleamiento sudamericano que pudiera consolidar un polo de poder en términos institucionales y económicos. Aun así, el proyecto tuvo serias limitaciones, algunas de ellas las podemos rastrear incorporando de forma sustantiva el accionar de los/as agregados obreros: en los casos que más avances se verifican en las alianzas internacionales que pudo establecer el gobierno argentino se puede ver como antecedente la exitosa vinculación de los agregados con organizaciones populares y sus mayores gestiones de difusión de la propaganda peronista.

Teniendo en cuenta estos aspectos, podría entenderse en efecto que las dificultades que se presentaron para concretar los acuerdos que se planteaban en el marco del proyecto del ABC estuvieron profundamente relacionadas con el avance de la política sindical norteamericana sobre las organizaciones de Brasil y Chile (alineadas de manera sustantiva con las organizaciones regionales pro norteamericanas) y no solo con las contradicciones que existieron entre las cúpulas gubernamentales.

Además del ABC, otro de los ámbitos en los que se buscó construir una alternativa a la polarización de la Guerra Fría fue el marco del sindicalismo internacional, dominado por la Federación Sindical Mundial y por la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres, auspiciadas por el este y el oeste respectivamente. Las disputas a nivel global tuvieron una expresión específica en el plano regional, donde las centrales prorrusa (Confederación de Trabajadores de América Latina) y pronorteamericana (Organización Regional Interamericana de Trabajadores) se disputaban la representación de las organizaciones sindicales latinoamericanas.

En este contexto, y con los conflictos cada vez más pronunciados en torno a la acción de los Agregados Obreros, desde Argentina y México se planteó la necesidad de crear una nueva organización que representara una opción alternativa a las grandes corrientes regionales que expresaban los alineamientos con las dos superpotencias del momento. En 1952 surge entonces una primera iniciativa, el Comité de Unidad Sindical Latinoamericano (CUSLA) que tuvo como objetivo sentar las bases de la conformación de una central latinoamericana, la primera que excluiría explícitamente la participación del sindicalismo norteamericano: la Agrupación de Trabajadores Latinoamericanos Sindicalistas (ATLAS), fundada en noviembre de 1952 en un congreso realizado en México (Panella, 1996; Parcero, 1987).

En este punto es significativo recordar los vínculos construidos con anterioridad entre Argentina y México, ya que no solo fueron la CGT y la CROM respectivamente las organizaciones que motorizaron la propuesta de la ATLAS, sino que esta articulación se venía construyendo como proyecto conjunto. Como ejemplo baste volver a mencionar la Conferencia de Lima en 1948, en la que Luis Morones fue el único representante sindical que repudió la exclusión de la CGT, retirándose a su vez de la conferencia para luego viajar a Argentina a entrevistarse con Perón. El enlace con la experiencia mexicana nos habla de un vínculo de larga data en la construcción de lazos sindicales internacionales y da complejidad a la explicación sobre cómo se despliegan estrategias político-institucionales en una mirada estructural de largo aliento (Orsatti, 2018).

 

Tapa del folleto “Unidad para la liberación total de América Latina. Soberanía política-independencia económica-justicia social”, firmado por Fernando Perez Vidal y editado por la ATLAS (1953)

 

La participación de las distintas organizaciones sindicales nacionales fue dispar: a excepción de la Argentina que contaba con una central gremial unificada y sumamente poderosa (la CGT), los demás países de la región se integraban con centrales de representación parcial de sus respectivas bases nacionales o con sindicatos de base. En ninguno de los casos podían arrogarse la expresión de la totalidad del sindicalismo de sus países y se veían cruzados por las problemáticas locales que muchas veces limitarían su capacidad de acción. Esto provocó una dependencia muy fuerte de la central argentina, tanto desde el punto de vista organizativo como en su financiamiento. Esta dependencia se hará totalmente evidente una vez que el golpe de Estado en Argentina en 1955, orquestado por una fracción de las Fuerzas Armadas con apoyo norteamericano, limite o prohíba la acción de las organizaciones sindicales y políticas nacionales y ponga virtual fin a la acción de la ATLAS, que permanecerá algunos años más como expresión meramente testimonial.

 

A modo de cierre

La trascendencia del rol de los Agregados Obreros y su construcción de redes de solidaridad, intercambio y contactos políticos entendemos que fue de suma importancia para entender el contexto histórico en el que nos situamos. Por un lado, para plantear la construcción de vías alternativas de despliegue de vínculos diplomáticos que excedieron a los círculos formales del servicio exterior (y por momentos entraron en abierta contradicción) y las relaciones entre jefes de Estado. Es más, incluso podemos ver su centralidad a la hora de trazar acuerdos exitosos: el caso del ABC nos muestra que donde la experiencia de “diplomacia de pueblo a pueblo” no fue fructífera (ya fuera por razones de política local o por intervención norteamericana) difícilmente pudo establecerse una relación armoniosa entre los países que pretendían construir un bloque político y comercial.

Por otro lado, para construir una organización como la ATLAS y su perspectiva, no solo gracias a las articulaciones generadas previamente que dieron pie a la subsecuentes colaboraciones entre centrales, sindicatos y referentes gremiales (y allí donde fueron más exitosas es donde se verificaron los mejores terrenos para la construcción de la ATLAS), sino también a la hora de construir una mirada cabal de la realidad latinoamericana desde la propia experiencia y la vinculación con los sectores sociales más vulnerados de cada país de América Latina.

Esto nos trae nuevamente las reflexiones iniciales sobre la importancia de colocar la mirada de nuestros análisis en el accionar del movimiento obrero y el movimiento sindical. Si nos reducimos solamente a la intervención de un gobierno o una figura política, por más relevante que esta sea, perdemos de vista construcciones profundas que fueron hilvanando trabajadores y trabajadoras a lo largo de la historia. La experiencia de lucha, de organización, de diálogo o confrontación con el Estado, es parte de la construcción de un sujeto histórico que interviene activamente en la realidad nacional, que aprende de sus errores y victorias, y que, en casos como los que presentamos en esta oportunidad, le da la potencialidad transformadora a un proceso que bien podría haber sido una mera declaración de principios. Incluso nos permite hacernos nuevas preguntas, revisar nuestros supuestos y tender hacia el presente herramientas más potentes para pensar, desde las bases, las vías de transformación necesarias para un futuro más justo.

 

* Profesora de Historia (UBA). Docente investigadora de la Universidad Nacional de Lanús e integrante del Centro de Estudios de Integración Latinoamericana “Manuel Ugarte”.
Notas:

1. Al respecto de estos datos, es importante destacar que no se registra la totalidad de los Agregados Obreros que tuvieron destino en diferentes embajadas del mundo. Semán registra 506 agregados (distribuidos en todas las oficinas del servicio exterior, incluyendo quienes fueron asignados a destinos). En los datos referidos contabilizamos 174 Agregados Obreros por lo que entendemos que es lo suficientemente representativo para marcar una tendencia.
2. Este aspecto está sumamente mediado por la figura de Evita y con aspectos de reforzamiento del estereotipo de la mujer como cuidadora del hogar. Aun así, estas reivindicaciones han sido aprovechadas bajo estrategias de distinto tipo para avanzar sobre planos de representación más amplios y para debatir la falsa dicotomía entre lo público (territorio masculinizado) y lo privado (territorio feminizado).


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