La batalla del Atlántico Sur y la integración suramericana

El autor analiza el modo en que el Conflicto del Atlántico Sur de 1982 reavivó la conciencia latinoamericana y motorizó los acercamientos que dieron lugar a las iniciativas integracionistas posteriores, entre ellas el Mercosur.
Por César Trejo *

Cuanto más nos alejamos del acontecimiento, más evidencias surgen que la guerra librada entre la República Argentina y el Reino Unido de Gran Bretaña, fue provocada por los EE.UU. en el marco geopolítico del conflicto Este/Oeste, para justificar el establecimiento de una base militar de la OTAN en el Atlántico Sur.

La ausencia de un Proyecto de Defensa Nacional y su sustitución por la Doctrina de la Seguridad Nacional (no sólo en nuestro país, sino en toda la Región), generaron las condiciones para que las dictaduras cívico-militares iniciaran el desmantelamiento de los sistemas productivos, la re-primarización de nuestras economías, el endeudamiento externo, la desarticulación de los movimientos nacional-populares y la aplicación de los instrumentos militares en funciones represivas internas, caracterizadas luego como “Terrorismo de Estado”.

En ese marco, los comandantes militares argentinos “compraron” la neutralidad de la potencia hegemónica mundial ante la eventual recuperación de nuestros territorios suratlánticos, y cayeron en la trampa.

Lo que no pudieron prever ni los mandantes, ni los mandados, fueron dos factores que se verificaron durante el choque efectivo de las armas: 1) la reacción del pueblo argentino y de los pueblos de la América Latina; 2) la capacidad de daño de nuestra Fuerza Aérea.

Sobre la segunda sorpresa estratégica, nos limitaremos a citar las conclusiones del libro “Malvinas, testigo de batallas”, redactado por analistas de la Fuerza Aérea Española que afirman que “si todas las bombas impactadas por aviones argentinos en buques británicos hubiesen explotado, las tres cuartas partes de esa flota se hubieran ido a pique”.

En cuanto al apoyo de los pueblos de Nuestra América a la Causa argentina, es bien conocido el multitudinario aluvión de voluntarios que se anotaron en las embajadas argentinas para pelear contra los invasores.

En nuestro país, más de 300 mil varones se anotaron para pelear, mientras miles de mujeres en toda la geografía patria participaron de la movilización y organización logística. En el exilio, los argentinos perseguidos por la dictadura organizaron “Comités de Solidaridad con la Argentina”, sin declinar la exigencia del retorno de la democracia ni la aparición con vida de los secuestrados por la dictadura argentina. Entre ellos, quien luego sería la fundadora y Rectora de la Universidad Nacional de Lanús, Ana Jaramillo, motorizó uno de esos comités de apoyo latinoamericano que concluyó con la célebre “Carta de Lima”.

http://centrougarte.unla.edu.ar/revista/fotos/1617126205_archivo.jpgDurante la Guerra de Malvinas, Perú brindó apoyo aéreo a la Argentina. Fuente: Infobae.

En las cárceles argentinas, los detenidos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, se ofrecieron para marchar a las Islas y combatir contra los colonialistas, mientras el régimen que conducía las acciones armadas se sorprendía de que los gobiernos nicaragüense y cubano les ofrecían armas y miles de combatientes ante la nueva invasión anglosajona.

Al finalizar el conflicto armado, comenzó una nueva batalla, esta vez por el sentido de esos acontecimientos, que se prolonga hasta el presente.

La “desmalvinización” –neologismo acuñado por el politólogo francés Alain Rouquié-, consistió en la reducción de las causas, desarrollo y consecuencias del conflicto a motivaciones endógenas de la dictadura cívico-militar, relegando a un plano secundario las razones históricas y geopolíticas de las potencias colonialistas. Esta versión reduccionista, anecdótica y monocausal, se ha constituido en la visión hegemónica en las élites de producción simbólica de nuestro país, y resultado altamente funcional a la perpetuación del status quo colonial.

Mientras en la Argentina nos sumergimos en el relato repetido hasta el hartazgo sobre la corta edad de los soldados, del hambre y del frío padecidos, de la perversidad congénita de militares profesionales en perjuicio de sus subordinados, o del exceso de alcohol ingerido por un general, en la “vecindad” surgieron voces que pueden orientarnos a comprender ese sentido que nuestro pueblo (y con él, los pueblos de Nuestra América), le han conferido al choque de las armas contra nuestros enemigos históricos.

El abogado y politólogo Luis Alberto Moniz Bandeira ha contribuido con diversas reflexiones a desentrañar el impacto que tuvo para Brasil la ocurrencia del conflicto armado entre los argentinos y los británicos, éstos últimos con el decisivo apoyo de la OTAN.

En “Argentina, Brasil y Estados Unidos: de la Triple Alianza al Mercosur” (2004), Moniz Bandeira describe el enorme desgaste que significó para los Estados Unidos haber respaldado política y militarmente a Gran Bretaña, provocando el total descrédito del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), de la Organización de Estados Americanos (OEA) y del resto de las instituciones interamericanas, demostrando que sólo servían a sus intereses de gran potencia en el conflicto Este-Oeste.

Los primeros que tomaron nota del nuevo escenario estratégico, fueron los militares brasileños. Dice Moniz Bandeira en la obra citada:

“Hasta la guerra de Malvinas, las hipótesis de guerra del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas brasileñas eran las guerras internas o de guerrilla; los conflictos regionales, con uno u otro país de América del Sur (la Argentina entre los principales); las guerras en otro continente, donde Brasil debería enviar contingentes, como en la República Dominicana en 1965; y, finalmente, la posibilidad de ataque de países comunistas y una conflagración generalizada. Desde la guerra de Malvinas, la hipótesis de guerra con los Estados Unidos se tornó objeto de estudio en las Fuerzas Armadas.

Por esto, las Fuerzas Armadas de Brasil se persuadieron de haber ingresado en el ‘camino cierto’ cuando decidieron impulsar su propia producción de material bélico, a fin de no depender, tanto como fuera posible, de suministros externos.”

Otro pensador de la vecindad, Alberto Methol Ferré, decía en su histórica ponencia de cierre del Seminario “Malvinas y la Unión Suramericana” (organizado por la UNLa y la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas en la Cancillería, 2005):

“Nunca en mi larga vida vi un acontecimiento semejante de emoción solidaria tan intensa, desde México, Perú, Brasil y todo el resto de América Latina, como durante la liberación de Malvinas por parte de la Argentina. ¿Acaso eso se quedó encerrado en esos dos meses y medio de 1982? De ninguna manera, produjo acontecimientos posteriores de enorme trascendencia. En primer lugar en Brasil, que adoptó una posición de solidaridad con Argentina, teniendo detrás más de un siglo de tensiones por el Paraná y por los ríos interiores. Las Malvinas generaron una explosión de solidaridad, hasta el punto que Brasil se comprometió radicalmente con Argentina.

Esa conmoción, más la crisis de la deuda externa en América Latina de1983 -motivada por el aumento de las tasas de interés en los EE.UU.-, y la apertura democrática casi simultánea en todos nuestros países, provocan que en el año 1985 se abra una nueva etapa de la Historia en América Latina, cuyo acontecimiento principal es el gran acercamiento entre Brasil y la Argentina, a través de los acuerdos entre Alfonsín y Sarney. Un acontecimiento inédito, que vino a realizar la idea de Juan Domingo Perón de constituir un centro de aglutinación en la América del Sur: la alianza argentino-brasileña, más Chile que aportaba la bioceanidad (el fallido ABC).”

Fuente: Consulado de Bolivia.

El proceso de integración que se abrió con la Declaración de Foz de Iguazú, reiterémoslo -producto de la conmoción producida por la batalla por Malvinas, según Methol Ferré-, se profundizó en 1991 con el nacimiento del MERCOSUR. Pocos años después (1996), en la localidad puntana de Potrero de los Funes, los países integrantes del Mercado Común incluirán –junto a la cláusula democrática-, el apoyo a los derechos argentinos sobre las Islas Malvinas. Situación que se reiterará en la mayor parte de las reuniones regionales.

En el año 2000, por primera vez después de las guerras de la Independencia, se realiza la Cumbre Suramericana de Naciones, convocada por el Presidente Fernando Enrique Cardoso, en Brasilia. Esa reunión fue sucedida por dos Cumbres más (2002 en Ecuador y 2004, en Perú), y marcaron la creciente ruptura con los organismos tutelados por EE.UU.

Luego vendrían la constitución de la UNASUR y la CELAC, ámbitos donde los gobiernos de la América Latina comenzaron a parecerse y a expresar a sus pueblos. Y, aunque sabemos de los retrocesos, de las marchas y de las contramarchas en el arduo camino de la Unidad Suramericana, primero, y Latinoamericana, después, afirmamos su inexorabilidad. Porque los pueblos conservarán en su memoria las lecciones que la épica malvinera enseñó mejor que la lectura de cualquier libro. Esto es, que sólo completaremos nuestra Independencia, si logramos reconstruir la Patria Grande con la que soñaron nuestros Libertadores.

* Veterano de Guerra de Malvinas. Responsable del Observatorio Malvinas (UNLa).
Lecturas sugeridas:

1. Romero Briasco, J. – Mafe Huertas, S. (1984). Malvinas, testigo de batallas, F. Domenech, Valencia, 1984.

2. Moniz Bandeira, L. (2004). Argentina, Brasil y Estados Unidos: de la Triple Alianza al Mercosur, Grupo Editorial Norma, Buenos Aires, 2004.