Feminismos latinoamericanos y la agenda neoliberal

Un repaso sobre el #8M en la región.
Por Magalí Gómez *

Al grito de #NosotrasParamos las mujeres, lesbianas, travestis y trans se movilizaron el pasado 8 de marzo en distintos puntos de Nuestra América para exigir por sus demandas y por una vida libre de violencias patriarcales. Demandas que se articularon bajo consignas tales como “Contra la Precarización de la Vida” en Chile, “Huelga feminista” en Uruguay, #NosotrasParamos porque #NuestroTrabajoVale en Paraguay, “Si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras”, en el Perú y así cada uno de los países de nuestra región delineó sus luchas para conmemorar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

Los feminismos latinoamericanos articulan pensamiento, praxis y acción colectiva y cada vez más logran conquistar espacios de visibilidad en las agendas públicas y políticas de las distintas patrias chicas de América Latina. Sin embargo, todavía queda mucho camino por andar y luchas por librar, en el marco de la creciente avanzada neoliberal de la región que también y principalmente, afecta a las mujeres y las disidencias, en el retroceso de sus derechos, en la violencia contra sus cuerpos, en el desfinanciamiento de políticas públicas que las protegen, en la persecución política, en la feminización de la pobreza. Luchas que deben imbricarse para recuperar la soberanía de nuestros pueblos.

Entendemos los feminismos en plural porque en nuestra región los feminismos son situados, adoptan distintas perspectivas y modalidades de intervención política y también porque es innegable que existen tensiones entre los distintos posicionamientos. Es por ello que no podemos esgrimir que sólo existe el feminismo en singular y se hace fundamental sentar las bases para avanzar en la consolidación de feminismos populares y latinoamericanos que tengan que ver con nuestras realidades del sur y sean parte de nuestros movimientos sociales.

Hoy en la opinión pública se discute mucho sobre “el feminismo” y sobre conceptos que generan debates, resistencias, cuestionamientos. Podemos esgrimir que existe un feminismo liberal, que responde al conocido “feminismo del 1%”. Un feminismo construido en los centros de poder mundiales, que es individualista, meritocrático, autosuficiente y que no requiere de una organización colectiva. Un feminismo “menos político y más profesional” que lucha, por ejemplo, por disminuir la brecha salarial entre personas directivas de empresas multinacionales.

Las preocupaciones de los feminismos populares abordan estas problemáticas, pero van más allá. La pobreza que recae más en las mujeres que en los varones, la mujer pobre que decide abortar pero no cuenta con recursos económicos y debe recurrir a métodos precarios y peligrosos, las niñas violadas y obligadas a parir, las mujeres víctimas de situaciones de violencia que no pueden dejar a sus parejas porque no tienen fuentes de ingreso autónomas, las lideresas negras, indígenas y pobres que luchan por la emancipación de sus pueblos y son asesinadas o encarceladas, como Milagro Sala en Argentina, Marielle Franco en Brasil o Berta Cáceres en Honduras. Las mujeres travestis y trans que muchas veces deben migrar de sus países por discriminación y sufren todo tipo de violencias por expresar su identidad de género.

Protestas en la Universida Católica de Chile. PHEsteban Félix

 

Aportes de los feminismos latinoamericanos y caribeños

sí como gran parte del pensamiento de América Latina se ha construido bajo patrones occidentales y eurocentrados, que fueron definidos como universales desde la conquista de nuestra región a esta parte, hay ciertos feminismos que sostienen una matriz epistémica que mira más hacia Europa o Estados Unidos que hacia nuestras propias realidades. Rosalva Aida Hernández afirma que el “colonialismo epistémico empezó a ser denunciado por las mujeres indígenas organizadas que, desde principios de la década de los noventa, empezaron a plantear la necesidad de reconocer sus derechos colectivos como parte de sus pueblos, como condición para el ejercicio pleno de sus derechos como mujeres (Hernández Castillo y Sierra, 2005) y a reivindicar su cosmovisión y sus saberes ancestrales como fundamentales para cuestionar el proyecto civilizatorio de Occidente” (Hernández, 2014).

Asimismo, los feminismos negros plantean la necesidad de incorporar otras perspectivas a los análisis de la dominación patriarcal. El racismo presente y latente que genera opresión, acompaña a las cuestiones de género. También la clase social determina distintas opresiones sufridas por las mujeres cis y trans. Es por ello que gran parte de los feminismos latinoamericanos son interseccionales. Analizar la interseccionalidad nos permite visualizar las distintas jerarquías entre varones y mujeres pero también que hay ciertas mujeres que detentan poder y que pueden oprimir; aquí la opresión de clase social es fundamental.

María Lugones explica que “la matriz de dominación de una sociedad se encuentra ordenada por intersecciones y esos dominios corresponden con lo económico, político e ideológico” (2013). Nuestras sociedades eurocentradas naturalizan el predominio de la blanquitud y el racismo como estrategia de sometimiento, presentándose desde un patrón de neutralidad.

Las mujeres indígenas, en muchas cosmovisiones hablan de complementariedad. Un ejemplo claro es la relación chacha-warmi de las culturas originarias de Bolivia. Asimismo, han planteado la necesidad de reivindicar los saberes ancestrales y su cosmovisión para poner en cuestionamiento aquella dicotomía de civilización o barbarie que Jauretche citaba como la madre de todas las zonceras.

Las relaciones de género de los pueblos originarios fueron desarmadas mediante el proceso de la colonización (Segato, 2003).  Los debates están profundizándose. Las pensadoras latinoamericanas, muchas de ellas decoloniales, discuten si los varones indígenas eran más o menos patriarcales antes de la colonización, pero seguramente el proceso de la conquista transformó de alguna manera sus prácticas de vinculación. Así como Anibal Quijano establecía que se construyó una jerarquía poblacional a partir del color de las personas, también se racializaron a las mujeres indígenas y negras que fueron degradadas ontológicamente.

Desde estas bases teóricas se articulan muchas de las praxis políticas. Es así que, por ejemplo, en el gobierno de Evo Morales, las mujeres indígenas han logrado conquistar el derecho a la tierra o legislación que protege a las autoridades comunitarias, aunque todavía reclaman por los femicidios y el acoso político a las lideresas desde sectores neoliberales.

En Argentina, desde la perspectiva feminista, las mujeres trabajadoras están profundizando estrategias comunes para fortalecer a organizaciones populares de larga data tales como los movimientos sociales y el movimiento obrero organizado. Luchan por ampliar la participación política en sus espacios. Reivindican la igualdad de oportunidades y salariales y presentan batalla al ajuste y a los intentos de reforma laboral que está llevando adelante el gobierno de Mauricio Macri, que afecta particularmente a las mujeres trabajadoras. Bregan por la unidad de acción de sus organizaciones concibiéndolas como parte del conjunto del movimiento nacional, interpretando que es el único camino para luchar contra el neoliberalismo.

En Colombia, las feministas denuncian el asesinato de mujeres lideresas que luchan en contra del extractivismo en zonas de recursos estratégicos muy potentes; una ola de violencia y persecución política que se ve altamente magnificada con el gobierno de Iván Duque y la fuerte presencia de empresas trasnacionales.

Movimiento Social de Mujeres Contra la Guerra, Colombia

En Brasil, las mujeres y las disidencias han tenido una fuerte presencia en las calles y marcado agenda en la opinión pública de Latinoamérica. Mediante las movilizaciones de #EleNão - de las pocas marchas en contra del gobierno de Bolsonaro- expresan su gran preocupación, entre otras, por el impacto que generará las reformas laborales, sobre todo, en las mujeres campesinas y trabajadoras. Además, luchan por el derecho a las tierras de estas mujeres. Consieran el asesinato de Marielle Franco como un asesinato político por ser negra, feminista, dirigente política y de barrios populares, como son las favelas. Dentro de los feminismos, el feminismo negro y antirracial aquí también tiene gran desarrollo.  

Mujeres del Movimiento Sin Tierra, Brasil

Ochy Curiel, feminista latinoamericana y caribeña, negra, lesbiana y de la República Dominicana, considera que se hace necesario “comprender que si bien la política de identidad es importante como posicionamiento no lo puede ser como fin. Todo proyecto de transformación social desde nuestra perspectiva debe ser por proyectos que derriben las opresiones y aquí es importante hacer alianzas políticas con diferentes movimientos que se propongan también acabar con las opresiones. Nuestras realidades no solo están marcadas por ser negras y el racismo y el sexismo que nos afecta, están también marcadas por los efectos de la flexibilidad laboral, por los efectos del consumismo, por los efectos de diferentes violencias, por políticas globales al igual que locales que nos colocan en situaciones de precariedad” (2014).

Nuestra región fue desmembrada y fragmentada en distintas etapas. Hoy el sueño de la Patria Grande, que fue articulado desde gobiernos populares, está siendo cercenado y disputado por el avance de proyectos neoliberales que llegan al poder con el fin de destruir las conquistas de nuestros pueblos. Por ello es fundamental aunar las luchas para construir la unidad; y los feminismos latinoamericanos y caribeños tienen grandes experiencias para aportar que, si bien no se pueden transpolar de un contexto a otro, pueden dialogar y construir integración desde las bases.

Decíamos al comienzo que no existe un solo feminismo, sino que existen muchos, diversos y con distintas posturas. Decíamos también que las luchas feministas no pueden avanzar por sí solas. Las personas feministas demandan ocupar distintos espacios en las organizaciones políticas, sindicales, para aportar miradas. Para hacer presentes las intersecciones de opresiones que sufren por ser mujeres y disidencias, pero también por ser negras, pobres, trabajadoras, precarizadas, latinoamericanas y caribeñas. 

Los feminismos que participan de contiendas políticas, finalmente, son los que logran la aprobación de leyes, la implementación de políticas públicas que modifican realmente la vida de las personas cis y trans de diversas orientaciones sexuales. Son esos feminismos, con voluntad de gobernar, los que deben articularse para generar transformaciones efectivas en Nuestra América.

* Lic. en Ciencias de la Comunicación (UBA), miembro del CEIL “Manuel Ugarte” (UNLa).
Bidaseca, Karina "Mujeres blancas buscando salvar a mujeres color café": desigualdad, colonialismo jurídico y feminismo postcolonial, Andamios. Revista de Investigación Social, vol. 8, núm. 17, septiembre-diciembre, 2011, pp. 61-89 Disponible en http://www.redalyc.org/pdf/ 628/62821337004.pdf

Curiel, Ochy (2014): Los aportes de las mujeres afros: de la identidad a la imbricación de opresiones. Un análisis decolonial. Transcripción de conferencia brindada en el marco del Proyecto Redes Internacionales de Conicyt, de la Cátedra Indígena/CIEG, Centro Interdisciplinario de Estudios de Género del Departamento de Antropología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile.

Hernández Castillo, Rosalva Aída (2014) “Algunos Aprendizajes en el Difícil Reto de Descolonizar el Feminismo” en Margara Millán (Coordinadora) Más allá del Feminismo. Caminos por Andar Ciudad de México: Red de Feminismos Descoloniales. Pp. 183-213.

Lugones, María (2013) Conferencia ofrecida por en el Coloquio Internacional "Reconocer las superficies de nuestras hendiduras. Cartografiar el Sur de nuestros Feminismos". IDAES/UNSAM. Bs As, 15 y 16 de julio, 2013.