Guerra y paz en el pensamiento de Carlos Astrada (1941-1947)

El autor recupera las ideas de Astrada en torno al nacionalismo y, en particular, a las bases de la nacionalidad argentina. Por ese camino se aproxima a una concepción de la guerra que contrasta con la que predomina en los países imperialistas.
Por Facundo Di Vincenzo *

 

I. Introducción

 

En 1947, el por entonces presidente de la Nación Argentina, Juan Domingo Perón (Lobos, 1895-1974), le encargó al filósofo Carlos Astrada (Córdoba, 1894-1970) que pronuncie una conferencia en la Escuela Naval de Guerra Argentina. El 18 de agosto de aquel año, Astrada expuso su texto: Sociología de la guerra y filosofía de la paz, que un año después, el sello editorial del Instituto de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires, publicó como parte de una serie de ensayos sobre temas nacionales en su revista.

Varios investigadores de la vida y obra de Carlos Astrada han señalado las particularidades de este acontecimiento1. Uno de sus principales estudiosos, Guillermo David, ha señalado que fue la primera vez que un filósofo se dirigió a las Fuerzas Armadas por pedido de un presidente. En este sentido, afirma que Astrada asume el papel de Filósofo de Estado2. Al mismo tiempo, hay otros elementos imprescindibles que dan una dimensión más profunda, más densa, todos ellos vinculados con el contexto nacional e internacional.

 

Carlos Astrada. Fuente: Página 12.

 

El filósofo Astrada habla sobre la guerra y la paz mientras los hombres de las Fuerzas Armadas argentinas escuchan, y todo ocurre a dos años del fin de la Segunda Guerra Mundial, con sus más de 50 millones de muertos, sus dos bombas atómicas, sus más de diez ciudades devastadas por los bombardeos, cañones y tanques. También, el acontecimiento se produce a tan sólo dos años de la movilización popular que cambió la historia política argentina (para peronistas y anti peronistas), y a un año de la vuelta de la democracia tras quince años de golpes cívicos militares, fraudes y proscripciones.

Todos estos elementos mencionados, de por sí muy sugestivos, toman otro color cuando además consideramos que el discurso es pronunciado por un filósofo que no proviene del campo filosófico y académico hegemónico de aquellos años en nuestro país. Astrada es una rara avis, algo que deja de ser incongruente si consideramos que el presidente que le encargó el discurso, Juan Domingo Perón, tampoco era un clásico militar argentino. Vale detenerse entonces para hurgar en ciertas cuestiones o reflexiones que vinculan al filósofo y al pensamiento del líder político.

 

II. Filosofar en tiempos de guerra. Nacimiento de un nuevo nacionalismo

 

Gracias a la minuciosa investigación realizada por Martín Prestía3 se puede observar que Carlos Astrada, en varios textos publicados antes de la conferencia de 1947, había señalado que la Gran Guerra (1914-1918) puso fin a una era en la historia de la humanidad. En resumen, la razón científica: evolucionista, materialista, eurocéntrica, progresista, colonialista, había llegado a su ocaso. En parte, porque esa misma razón científica no trajo un mundo de abundancia, fraternidad y paz como muchos de sus ideólogos lo habían anunciado, más bien, había motorizado (y justificado) la conquista de territorios a lo largo y ancho del planeta por los europeos. Entre fines del siglo XVIII y los primeros años del siglo XX el mundo entró en una era desenfrenada de competencia por los recursos y las posibles ganancias a obtener con esos recursos, tendencia que a la vez propició una carrera armamentista entre las potencias europeas para defender o amedrentar a los competidores, propia de la vorágine de un capitalismo que, como ha señalado el militante, político y pensador ruso V.I. Lenin (Simbirsk, 1870-1924), atravesaba su fase imperialista.

 

Invasiones inglesas a Buenos Aires, pintado por Madrid Martínez, litografía de 1807. Fuente: Wikipedia.

 

Dos décadas antes de la conferencia en la Escuela Naval de Guerra, Astrada escribía en un texto titulado El renacimiento del mito (1926), alertando sobre las consecuencias que había dejado la Gran Guerra Mundial (1914-1918) a nivel material pero también en el terreno de la cultura y en las esferas de lo espiritual:

Los hombres están viviendo momentos muy difíciles y presagiosos. Los tiempos son de lucha y de riesgo, y un hálito de tragedia estremece la conciencia contemporánea. Son síntomas premonitorios de uno de esos alumbramientos que dilatan el horizonte de la humanidad, señalándole una nueva etapa a recorrer en el sentido de la perfección inalcanzable (Carlos Astrada, 2004 [1926], p. 124).

Luego de la Gran Guerra, el colapso de la crisis de la bolsa de Nueva York en 1929, con sus repercusiones sobre toda la década del treinta en Argentina y el resto de Occidente, desencadenan una nueva fase de conflictos: invasión japonesa de Manchuria (1931-1932), guerra del Chaco (1932-1935), guerra ítalo-etíope (1935-1936), guerra civil española (1936-1939). En otras palabras, otra vez la problemática de la guerra aparece como un hecho central, más aún tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939. El filósofo cordobés, mientras el ejército de Adolf Hitler avanzaba sobre Francia, publica un artículo en la Revista Choque titulado “El Nacionalismo”. Allí expone:

Vivimos días convulsos, inciertos, con un tempo acelerado. Los acontecimientos se precipitan en torrente. Bajo nuestros ojos atónitos se está operando una transformación revolucionaria del orden social ecuménico Amanece entre los dolores de alumbramiento una nueva época histórica (Carlos Astrada, 2021 [1940], p. 624).

Astrada considera que a pesar de “los dolores de alumbramiento” aquellos tiempos asistían al nacimiento de una nueva época histórica, que él saluda y, en cierta medida, festeja, en parte por considerar que supera a las dos corrientes de pensamiento hegemónicas, el liberalismo y el marxismo. Dice Astrada:

lejos estamos ya de la pseudo antinomia y artificiosa polaridad de individualismo y colectivismo. Por sobre la clase, erróneamente supuesta idéntica en todas partes, se impone, diferenciándose por factores vitales y espirituales inabolibles, la Nación, que diluye y absorbe en su realidad totalizadora los pretendidos contrastes y oposiciones (Astrada. 2021 [1940], p. 624).

Entre otras interpretaciones e ideas expresadas por Astrada en el periodo de entre guerras (1914-1939), me interesa resaltar su perspectiva en torno al nacionalismo y su relación con la guerra. Desde su concepción, el sentimiento nacionalista no solo atraviesa el cuerpo y alma de los combatientes, sino que se yergue como “una nueva imagen del hombre, del hombre concebido según nuevas necesidades y nuevos fines, supone necesariamente un orden social nuevo, una nueva ordenación jerárquica de los valores a que la comunidad da vigencia” (Carlos Astrada, 2021 [1940], p. 626).

El nacionalismo del siglo XX para Astrada resuelve las contradicciones y problemáticas planteadas en el siglo XVIII por el nacionalismo burgués, con su fórmula de “la tierra de los muertos”, pero también soluciona esa suerte de “nacionalismo de clase” promovido a partir de la segunda mitad del siglo XIX por la filosofía política marxista. Astrada festeja la potencialidad del nacionalismo del siglo XX, por ser un nacionalismo arraigado en la tierra, historia, memoria y tradiciones del pueblo.

En relación a estas ideas, en varios trabajos de su extensa obra Astrada plantea el enigma de los orígenes, al que resuelve certeramente. Afirma que un pueblo es soberano cuando trabaja la tierra en la que vive, de allí el origen de la nacionalidad argentina. Desde su visión, es a partir del trabajo que los seres humanos asimilan un territorio y lo convierten en suyo. En las tierras del sur del continente americano Astrada considera que este derecho les corresponde a los gauchos y los indios. Desde su lectura, ellos fueron quienes trabajaron las tierras, y a partir de ese trabajo lograron una relación particular, emotiva y sentimental con el paisaje, ese escenario infinito, inmenso y profundo, comúnmente llamado “las pampas” o “la pampa gaucha”, la define como: “la extensión ilimitada, como paisaje originario y, a la vez, como escenario y elemento constitutivo del mito, he aquí nuestra Esfinge, la Esfinge frente a la cual está el hombre argentino, el gaucho” (Carlos Astrada, 1964, p. 69).

Para Astrada, si uno se propone divisar una imagen humana en las tierras australes, esa imagen es la del gaucho y la del indio, son los habitantes naturales de un lugar que parafraseando al poeta Rainer Maria Rilke “parece limitar con la eternidad” (Rilke. 1980, p. 129). Escribe Astrada: “La Pampa, con sus horizontes en fuga, nos está diciendo, en diversas formas inarticuladas, que se refunden en una sola nota obsesionante: ¡o decifras mi secreto o te devoro!” (Carlos Astrada, 1964, p. 59). Ese plano metafísico del paisaje en el continente y en el mar e islas argentinas, dan una dimensión espiritual que se encuentra ligada indisolublemente con los seres que mejor lo interpretaron y respetaron con su errático ambular: el gaucho y el indio, y que según Astrada, se extiende hasta nuestros días, en el sentido de manifestarse en quienes viven y trabajan en estos suelos, los y las trabajadoras, en resumen: el pueblo.

 

III. Astrada, Perón, el nacionalismo y la naturaleza de la guerra

 

La Revolución de los Coroneles de 1943, contiene en su proclama, como señala Martín Prestía (2013), los elementos fundamentales del nacionalismo al que adhería Carlos Astrada. En un párrafo de dicha proclama dice: “LUCHAREMOS por mantener una real e integral soberanía de la Nación, por cumplir firmemente el mandato imperativo de su tra­dición histórica; por hacer efectiva una absoluta, verdadera y leal unión y colaboración americana […]” (Potash, 1981, p. 284).

Fácilmente pueden encontrarse en la vida y obra de Juan Domingo Perón puntos de contacto entre la concepción que el líder político tenía sobre el nacionalismo y la naturaleza de la guerra, y la concepción de Carlos Astrada sobre los mismos temas.

En 1932 ya con el cargo de mayor, Juan Domingo Perón redacta una serie de apuntes para sus estudiantes de la Escuela Superior de Guerra, que tiempo después llevará el título de Apuntes de Historia Militar. En estos textos Perón aborda en profundidad diferentes aspectos vinculados a la guerra; escribe Perón: “Uno de los asuntos más importantes a tener en cuenta para la preparación y ejecución de la guerra es que ésta esté preparada y sea conducida con la más absoluta unidad de acción” (Perón, 1932, p. 172).

 

En picada sobre la ciudad (1935), Tullio Crali. Fuente: Internet.

 

Perón no celebra la guerra ni el militarismo, piensa en la guerra desde una concepción integral, es el eslabón final en una larga cadena que surge con los primeros pobladores de la tierra y sigue con el mestizaje, las tradiciones, historia, memoria, un proceso que en su fase moderna cierra con el autoabastecimiento y la defensa del suelo, en pocas palabras, la defensa de esa tierra, lo que Perón llama: “La defensa nacional”.

En varias oportunidades, en esta línea de análisis, Perón retoma como ejemplo el caso alemán, particularmente la Alemania que construyó el triunfo en la Guerra Franco Prusiana (1870-1871). Escribe Perón:

Si se buscara una explicación a la victoria alemana de 1870, por un análisis de los factores políticos y los estratégicos, se comprendería que sería incompleto atribuirlo a una sola causa. Fue en realidad algo mucho más complejo y mucho más hermoso lo que concluyó al resultado final: fue la obra de todos los alemanes. Un rey, grandes pensadores civiles y militares, un hombre político dotado de una voluntad ardiente y de una energía muy grande, numerosos hombres de acción, políticos y generales y modestos ciudadanos, todos pusieron su grano de arena. Es el resultado preparado por algunas generaciones y ejecutada por otras (Perón, 1932, p. 172).

El 10 de junio de 1944, Perón, en aquel entonces secretario de Guerra de gobierno, pronuncia una conferencia en la Universidad Nacional de La Plata, titulada “Significado de la defensa nacional desde el punto de vista militar” con motivo de la inauguración de la Cátedra de Defensa Nacional. Tres años antes del discurso de Carlos Astrada, Perón arribaba a la siguiente conclusión:

1ro) Que la guerra es un fenómeno social inevitable;

2do) Que las naciones llamadas pacifistas, como es eminentemente la nuestra, si quieren la paz, deben prepararse para la guerra;

3ro) Que la Defensa Nacional de la Patria es un problema integral, que abarca totalmente sus diferentes actividades; que no puede ser improvisada en el momento en que la guerra viene a llamar a sus puertas, sino que es obra de largos años de constante y concienzuda tarea; que no puede ser encarada en forma unilateral, como es su solo enfoque por la fuerzas armadas, sino que debe ser establecida mediante el trabajo armónico y entrelazado de los diversos organismos del gobierno, instituciones particulares y de todos los argentinos, cualquiera sea su esfera de acción; que los problemas que abarca son tan diversificados, y requieren conocimientos profesionales tan acabados, que ninguna capacidad ni intelecto puede ser ahorrado.

Finalmente, que sus exigencias sólo contribuyen al engrandecimiento de la Patria y a la felicidad de sus hijos (Perón, 1944, p. 59).

Perón, como Astrada, creía que el mundo se encontraba en una época crucial, marcada por la guerra. Al mismo tiempo, ambos consideraban, mirando hacia las tradiciones, costumbres y a la historia, que Argentina era un país esencialmente pacifista, pero, al mismo tiempo, afirmaban que en tiempos violentos debía fortalecerse, en otras palabras, “bastarse a sí mismo”. En ese sentido el nacionalismo es la expresión pura de la patria, ya que implica más que nunca “mirar hacia adentro”, explorar en la sustancia del “ser nacional”. El nacionalismo de Astrada y Perón cumple entonces una función primordial para lograr la unidad superando, por un lado, al individualismo que plantea el liberalismo burgués y, por otro, al conflicto entre las clases argentinas que propone el marxismo internacionalista.

 

IV. Sociología de la guerra y filosofía de la paz

 

Astrada da inicio a su discurso detallando el contexto belicoso en el cual se encontraba el mundo. A propósito de esto, advierte que existen dos formas diferentes de “hacer la guerra”:

Hay un militarismo de convicción y de sentimiento, que con Max Scheler, podemos llamar militarismo ideológico, para el cual la guerra y las formas de vida militar, con su disciplina y técnicas específicas, tienen un fin y un valor en sí mismas; y un militarismo que podemos llamar instrumental, para el cual la guerra, la vida militar y las instituciones armadas no son un fin en sí mismas, sino un medio para asegurar la soberanía del Estado, restablecer su forma interna, cuando ella fuere alterada, y defender su patrimonio moral y físico (Astrada, 2007, p. 133).

Astrada alude así a la naturaleza pacífica de la cosmovisión nacional, diferente a la liberal: belicista, mercantil y usurpadora, ¿cómo es esto? ¿De dónde extrae Astrada estas características?

En otro texto de Astrada, El mito Gaucho (1948), se rescata al poema fundacional de la nacionalidad argentina, habla de la naturaleza pacífica de quienes habitaron estos suelos. El filósofo retoma algunos pasajes del El Martín Fierro de José Hernández (1872). En ese texto su personaje principal, el gaucho Martín Fierro, dice: “El trabajar es la ley / porque es preciso alquirir / no se espongan a sufrir / una triste situación: / sangra mucho el corazón / del que tiene que pedir”. Para Astrada, los gauchos asumen la acción del trabajo como parte de la naturaleza humana, que Hernández valoriza una y otra vez en su poema: “debe trabajar el hombre / para ganarse el pan”. La adquisición de bienes se logra por el trabajo, que al mismo tiempo tiene que ser justo y reconocido por el patrón. Astrada señala que para Hernández, la paz entre las personas se rompe cuando el gaucho sufre injusticias, como le ha ocurrido a Martín Fierro. De allí la desconfianza por la ley: “La ley es para todos / pero sólo al pobre le rige” (Hernández, 1964). Y de allí que la lucha de los pueblos se exprese con un halo de justicia y sea enunciada generalmente como “lucha por la liberación nacional”.

 

El sueño, de Jean Baptiste Édouard Detaille. Fuente: jotdown.es

 

El pacifismo económico de la cosmovisión liberal desconoce todo esto, porque para las potencias del Atlántico Norte cesarán todas las guerras cuando se inaugure la era del perfecto libre cambio. Este es caracterizado por Astrada como un tipo de pacifismo imperialista y mercantil, en donde se pasa de una guerra por necesidades guerra como medio de alimentación a otro modo de guerra, por poder político y motivación económica: no hay necesidades, sino búsqueda de mayores ganancias. Para la cosmovisión liberal de la OTAN, la guerra es un medio para adquirir más mercancías. No es fundamental para adquirir bienes el trabajo, como señalaba Martín Fierro, sino que en esta cosmovisión, el robo y la ocupación de lo ajeno son acciones naturalizadas. Escribe Astrada:

La forma particular del imperialismo mercantilista anglosajón, ya perimido, cuya garra predatoria, que se hizo sentir durante el siglo XIX, alcanzó también hasta nosotros, arrebatándonos las Malvinas y dejándonos esa herida, hasta ahora abierta, en el flanco Atlántico de la Patria (Astrada, 2007, p. 133).

* Doctor en Historia, Especialista en Pensamiento Nacional y Latinoamericano, Profesor Historia (USal, UNLa, UBA) Docente-Investigador del Centro de Estudios de Integración Latinoamericana “Manuel Ugarte” y del Instituto de Problemas Nacionales (UNLa).
1. González, Horacio, Restos Pampeanos, Buenos Aires, Colihue, 2009; Donnantuoni Moratto, Mauro Ariel, “La metafísica nacional de Carlos Astrada y la doctrina de la "tercera posición"”. Revista de Filosofía y Teoría Política. Nº 40 pp, 2009, Ensenada, Buenos Aires, pp. 31-62; Bustos, Nora Andrea, “Carlos Astrada: Sociología de la guerra y filosofía de la paz”, Cuadernos de Marte. Revista latinoamericana de sociología de la guerra. Año 1. Nº 1. Abril, 2011, Buenos Aires, pp. 103-124; Prestía, Martín, “Carlos Astrada y el proyecto político peronista. Una lectura sobre la esencia argentina y la doctrina oficial de la “tercera posición” en la obra del filósofo”. Buenos Aires: Revista Socio Debate. Año 1. Nº 1, junio-julio 2013, Buenos Aires, pp. 146-173.

2. David, Guillermo, Carlos Astrada. La Filosofía Argentina, Ediciones El Cielo por Asalto. Buenos Aires, 2004.

3. Prestía, Martín, Carlos Astrada. Escritos escogidos. Artículos, manifiestos, textos polémicos (1916-1943), Córdoba, Editorial Filosofía y Humanidades, UNC; Rio Cuarto, 2021.

Bibliografía

- Astrada, Carlos, “Sociología de la guerra y filosofía de la paz” [1948], en: Metafísica de la Pampa, Biblioteca Nacional, Buenos Aires, 2007.

- Prestía, Martín, “Carlos Astrada y el proyecto político peronista. Una lectura sobre la esencia argentina y la doctrina oficial de la “tercera posición” en la obra del filósofo”. Buenos Aires: Revista Socio Debate. Año 1. Nº 1, junio-julio 2013, Buenos Aires, pp. 146-173.

- 1493-1982, Buenos Aires, Instituto de Publicaciones Navales, 1992.

- Astrada Carlos, “Martín Fierro y el mito de los argentinos, Tribuna de la Revolución, Ediciones Nueva Argentina, Centro Universitario Argentino, Buenos Aires, pp. 211-240, 1948.

- Astrada, Carlos, “El renacimiento del mito”, en: Metafísica de la Pampa, Biblioteca Nacional, Buenos Aires, 2004.

- Astrada, Carlos, “Nacionalismo [1926]” en: Escritos escogidos. Artículos, manifiestos, textos polémicos. Tomo I (1916-1943). Estudio preliminar, investigación y notas de Martín Prestía, 2021, UNRío. Universidad Nacional de Rio Cuarto, Rio Cuarto – Córdoba, 2021.

- Astrada, Carlos, El legado Sanmartiniano y la voluntad de soberanía [1943], en: en Prestía, Martín, Carlos Astrada. Escritos escogidos. Artículos, manifiestos, textos polémicos (1916-1943), Córdoba, Editorial Filosofía y Humanidades, UNC; Rio Cuarto, 2021, pp. 651-654.

- Astrada, Carlos, El mito Gaucho, Cruz del Sur, Buenos Aires, 1964.

- Hernández, Juan José, El gaucho Martín Fierro [1872], Buenos Aires, Ciorda, 1968.

- Lenin, Vladímir, El Imperialismo última etapa del Capitalismo [1916], Sociedad Editora Latino Americana, Buenos Aires, 1946.

- Perón, Juan Domingo, Apuntes de Historia Militar [1932], Rueda y Brachet-Cota Editores, Buenos Aires, 1983.

- Perón, Juan Domingo, Inauguración De La Cátedra De La Defensa Nacional, Universidad Nacional de La Plata, La Plata, 1944.

- Potash, Roberto, El ejército y la política en la Argentina 1928-1945. De Yrigoyen a Perón, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1981.

- Rilke, Rainer Maria, Obra Poética, Efece, Buenos Aires, 1980.

- Scheller, Max, La idea de paz y el pacifismo, Ediciones Populares Argentina, Buenos Aires, 1955.

Imagen de portada: “Soldados bombardeados” (A Battery Shelled, 1919) de Percy Wyndham Lewis. Fuente: wsws.org